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jueves, 3 de noviembre de 2016

Tempus fugit

[Reloj en la fachada del Ayuntamiento de Oslo © A. C. G.]


Cuanto escribo me salva ante mí mismo.
Me salva de momento
y da fe de quien soy, sin que pretenda
ser, más allá de mí, eternidad ni sueño.

Pues sé que viviré mientras aún vivan
las personas que me aman y que quiero,
mientras respire aún algún amigo
y comparta su voz con mi silencio.

Después, cuando ellos ya no estén,
el olvido vendrá lento y ajeno
a dejar una pátina invisible
de tiempo sobre el tiempo.

Entonces seré polvo y seré nada,
lo mismo que mis versos.  


4 comentarios:

  1. Pero para eso del final, querido Antonio, falta mucho, toda una eternidad, sin ser exagerados. Y sí, tempus fugit, así que carpe diem y gaudeamus igitur, que no hay otra. Un abrazo.

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    1. Eso espero, querido Alfredo, que falte mucho todavía. Y carpe diem, y todo eso, lo que no quita para que, en un momento acaso de lucidez, uno sea consciente de que no le harán inmortal sus versos, que son lo que son y tienen el valor que tienen.

      Otro abrazo.

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  2. El sentido de la escritura siempre es difuso, querido Antonio, busca dar permanencia a lo efímero. Y ese empeño es paradójico porque somos humo y ceniza. Pero estamos hechos de sueños y la buena poesía es un hermoso delirio, un aliento feliz que llena el ahora de luz, como tus versos. Un gran abrazo.

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    1. Tus palabras son siempre generosas y clarificadoras, amigo. Escribir para "dar permanencia a lo efímero", para fijar el tiempo... pero eso, y es a lo que yo iba, no habrá de suponer la memoria en los que nos sucederán. Al menos, así lo creo.

      Un fuerte abrazo.

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