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jueves, 28 de enero de 2016

Cata

[Imagen tomada de aquí]

Descorcho una botella
de vino. Lentamente,
adentro la espiral
del sacacorchos, y
asalto la muralla
que defiende la roja
y pura maravilla.
Salvado tal escollo,
con mimo alzo la copa,
vierto con lentitud
el néctar de las uvas,
y, armado de armonía,
desplazo en espiral
la luz oscura por
el lecho transparente.
Así, al contacto con
la atmósfera, el cristal
se inunda de matices
y desprende el aroma
que lo hace diferente
a cualquier otro vino.
Después, por mis papilas
gustativas, lo siento,
aprecio su potencia,
su peculiar sabor,
su exacta identidad.

Del mismo modo ocurre
también con el poema.
Desnúdalo. Derrama
su esencia sobre ti.
Degústalo con calma.
Y, si al final, te agrada,
anota su cosecha,
el nombre del autor,
su claridad, su fuerza.
Y comparte tu sed.

miércoles, 27 de enero de 2016

Oficio de tinieblas

[Imagen tomada de aquí]

... Y luego está el azar: esa palabra
que no estaba en capilla y amanece
entre los dedos, y de pronto encaja
con la debida precisión. Su signo,
no sabemos por qué, se nos concede
desde un rincón oscuro que llamamos
inspiración, a veces; y que en otras
ocasiones es fruto del trabajo,
de un tesón esforzado que nos lleva
a exprimir la memoria y el deseo.
Y ocurre que, encontrada la palabra,
ordenada en el verso, todo adquiere
belleza y armonía: luz poblada
de un halo de misterio, suficiente
como para explicar lo inexplicable.
Y sin embargo, apenas esa luz
ha alumbrado el camino y nuestras manos
perciben su fulgor, se hace pequeña,
de modo que es preciso regresar
en pos de un nuevo verso, de otra voz
capaz de iluminar hacia el futuro.
Y en ese afán, pacientes, nos movemos:
entre tesón, azar y epifanía.

sábado, 23 de enero de 2016

A Vicente Martín Calderón, con mi agradecimiento



Gracias a la generosidad de un artista como Vicente Martín Calderón, y a la amistad con que me honra, desde ayer cuelgan en una de las paredes de mi casa estas dos tablas, obra de sus manos, que comparto aquí con vosotros. Sirvan mis humildes versos para darle públicamente las gracias por tan valioso presente:  

Sutil e insinuante perspectiva
que acerca los recuerdos de mi infancia:
torreón de Santiago, y la elegancia
férrea del puente que tu afán cautiva.

Trazos que en la madera rediviva
sugieren piedras, muros..., abundancia
de arquitectura que se transubstancia
en belleza silente y sugestiva.

Sujetos en la tabla a la mirada,
son fruto de la mano y de la mente
que ordenó su volumen y armonía.

Por eso mi palabra, apenas nada,
quiere mostrarte gratitud, Vicente,
por hacer del instante poesía. 

viernes, 22 de enero de 2016

APOLOGÍA DE LA CREACIÓN DÍGITO-MECANOGRÁFICA (Con perdón)

[© C. E. L.] 

Tal como apuntara Bécquer en una de sus rimas, Voy contra mi interés al confesarlo, porque sé que la mayoría de cuantos escriben (y más si es poesía) abogan por la escritura caligráfica, algo que yo dejé de practicar hace ya muchos años, cuando me decidí a escribir directamente pulsando las teclas de la máquina de escribir y, posteriormente, del ordenador. 

Durante la presentación de Para saber de mí en Salamanca, alguien me preguntó si tenía algún ritual a la hora de escribir, y mi respuesta fue que no, que podía hacerlo en cualquier parte, pero siempre, desde hace muchos años, directamente en el ordenador. Posiblemente, la razón principal de esta práctica, sea mi horrorosa caligrafía que, naturalmente, es más deplorable cuanto menos practico con la pluma. Pues bien, anunciar tal hecho y recriminármelo el amigo Paco Castaño fue todo uno, y desde entonces hemos bromeado más de una vez con el asunto, hasta el punto de haberme remitido a la lectura del poema de la página 67 de su Libro de las maldades (muy recomendable): Apología del deleite táctil

Fue leerlo y, naturalmente, sentir la necesidad de dar respuesta al mensaje allí recogido. Así, en una de las bromas que a veces nos marcamos, surgió el poema que hoy subo, precedido por el mencionado del Libro de las maldades. Esencialmente, pura diversión. 

(Y tú, ¿cómo escribes?)




APOLOGÍA DEL DELEITE TÁCTIL


Ya no se escribe a mano.
Ese es un lujo que nos queda sólo
A los poetas clásicos.

Para sentir el ritmo de la sangre
Acordarse a la letra,
Es necesaria levedad de pluma
Tinta por la sorpresa
Y es necesario el peso de la mano
Sobre la anatomía del poema.

Ya no se escribe a mano.
Y al áspero albedrío de una máquina
Ceden lo que es también gozo del tacto.

                                                                                              FRANCISCO CASTAÑO
                                                                                              (Libro de las maldades)


APOLOGÍA DE LA CREACIÓN DÍGITO-MECANOGRÁFICA


Yo ya no escribo a mano.
Y lo consideré, cuando lo hacía,
asunto secundario.

El teclado es ahora un clavicordio
—una nota, una letra—,
y el que fuera amanuense en otro tiempo,
aplicado a las teclas,
melómano que al ritmo de los dedos
atrapa las palabras que concierta.

Yo ya no escribo a mano.
Ni quita ni me da la cibernética.
Mi gozo atiende solamente al canto.


                                                                       ANTONIO DEL CAMINO 

miércoles, 20 de enero de 2016

Para saber de mí en Librería Hydria

[© C.E.L.] 

            El pasado día 16, como quedó anunciado en esta bitácora, en compañía de Francisco Castaño y Mario Pérez Antolín, presentamos Para saber de mí en Librería Hydria, de Salamanca. Fue un acto íntimo, con pocos asistentes pero con la suficiente complicidad como para que el tiempo que dedicamos a la lectura resultase grato.
            Mario trazó unas líneas maestras sobre el libro, destacando de él la importancia de los afectos y la voluntad de claridad que hay en los poemas, y como la amistad suele ser generosa y excesiva, derrochó elogios de los que abruman a quien los recibe.
            Paco, por su parte, presentó el libro con el romance que, con su permiso, dejo a continuación. Creo que todo cuanto pueda decirse sobre Para saber de mí está recogido con precisión y generosidad en este texto en perfectos octosílabos, a cuya lectura animo. 

Gracias por estar aquí,
En esta tarde de invierno,
En la librería Hydria,
Donde no hace mucho tiempo,
Apenas unos tres meses,
Presenté mi libro nuevo,
Con titiritera y clásico
Como críticos maestros,
En este mismo escenario,
En el que siempre me siento
Como en mi casa (los libros
Tienen buena culpa de ello
Y el modo en que nos acogen
Tan solícitos libreros)
Para acompañar a Antonio
Del Camino en el aprieto
De dar noticia de sí
Desafiando al misterio.

Me toca lo más difícil,
Aunque es lo que da más juego,
Porque Antonio me ha traído
Aquí para convenceros
De que bien vale la pena
Haber venido a este evento
Y llevarse el libro a casa,
Y ya que está allí, leerlo.
Y lo hago con mucho gusto,
(En realidad, exagero,
Antonio no me ha traído
Con ningún afán avieso,
Sino para que haga gala,
A la vez que me deleito
(Como hiciera hace unos años
Con Novelty, el hostelero,
Cuando me puso en el brete
De cargar con sus (h)aceros),
Presentando un libro suyo
Como debe ser: en verso.

Es Para saber de mí.
Y en su pórtico leemos
Que la labor de este libro
Viene de un largo silencio.
Pero ese callar no quiere
Decir que haya estado ajeno
A las trampas de la vida
Y a lo que tiene de bello.
Su mirada no callaba
Si callaban sus cuadernos.
Esa mirada de asombro
Como un renacido aliento,
Como esos pasos seguros
Que marcan su propio tempo
En las huellas del camino
Para llevarle más lejos,
Sorteando las celadas
Y los vaivenes del tiempo,
Hasta volver, como vuelven
Los que en su día salieron
De su mundo hacia otros mundos,
Más sabios por más intrépidos,
A vivir en las palabras
De las que siempre fue dueño.
Esa mirada, decía,
Son las alas de este vuelo.

Y vivir en las palabras
Es también estar atento
Al regalo de los dioses
Y aceptarlo sin recelos,
Alimentado la llama
Que ilumina los secretos,
Y alienta las golondrinas
Que anidan entre sus dedos,
Y es intentar darle forma
Ajustada a sus anhelos.
Es una búsqueda a tientas,
Hasta que sale al encuentro
Una realidad de signos
En el límite del sueño,
Con voluntad renovada
Y con un afán inédito
De hacerse voz y latido
En la promesa de un cuerpo.

Y todo para saber
De sí, peligroso juego,
¾El conócete a ti mismo
Del oráculo del griego,
Pero sin ser exhaustivo
Ni convertirte en experto¾
Donde es fácil hacer trampa
Cuando se mete por medio
La vanidad de quien puede,
Porque sabe, hacerlo en verso.
Pero ése es vicio que elude,
No por pecar de modesto,
Sino porque jugar limpio
Da más placer que no hacerlo.
Decía que juega limpio,
Porque además de discreto
¾Que es el que sabe expresarse
Con agudeza e ingenio¾
Es un poeta cordial,
Lo que es raro en este gremio
¾Este genus irritabile
Vatum que con tanto acierto
Vino a definir Horacio,
Y del que sobran ejemplos¾.

Y esa su cordialidad,
En la que todos cabemos,
Crece al paso de los días
Como un amoroso fuego
Que calienta e ilumina
Para que podamos vernos
En su infancia, que es la nuestra,
O en su dolor, que es el nuestro.
Porque al paso de los días
No elude ni lo más tierno,
Ni lo más áspero y duro
Con que nos castiga el tiempo.
Pues su alquimia del dolor
Lo ha transformado en venero
Donde las palabras son
Las aguas de ese arroyuelo 
Donde los clásicos bañan
Sus penas y sus tormentos.

Pero también de la vida
Nos habla como de un premio
Que hay que saberse ganar
En conjura frente al tiempo.
No esquiva su pluma nada
De lo malo y de lo bueno,
Porque aprendió de su padre
Que sólo nos merecemos
Aquello que hacemos bien
Sin engaño y con esfuerzo,
Sin pedir factura a cambio
Y con sencillez y esmero.
Los poemas de este libro
Son el fruto de su ejemplo.

Donde no falta el amor
Como penúltimo aliento,
En cuya cálida noche
Es derrotado el invierno,
Donde el cuerpo es manantial
De delicado sosiego,
Que alcanza su dimensión
De compartido embeleso
En arriesgada sextina,
Lo que es hazaña de mérito,
Porque Antonio también juega
Cuando se pone más serio.
¡Qué bien le sienta al amor
Este retórico exceso!
Y no vayáis a pensar
Que por correr estos riesgos
Formales y, pese a todo,
Salir indemne de ellos
Sin apenas un rasguño
Metafórico y poético
Amparado en su maestría,
Este es un libro perfecto.

Antonio es un buen amigo
Y nos trata con respeto
¾Como le ha tratado a él
Y a los frutos de su estro
El buen amigo editor
Que puso todo su empeño
En confeccionar un libro
Tan cuidado como bello¾
Y sabe bien por los clásicos
Que la perfección es muermo
¾Ese lunar, esa arruga,
Hacen al rostro más bello¾
Que en lugar de dar placer
Nos mata de aburrimiento
Y nos deja sin razones
Para seguir escribiendo
¾No la ven con buenos ojos
Ni los rancios académicos¾.

Así su delicadeza
Nos deja que naveguemos
Por la verdad de su libro
Con nuestro propio aparejo
¾Lo que han hecho desde siempre
Los poetas que queremos
Porque han sabido dar forma
Y voz a nuestro silencio¾.
Y así también en la voz
De sus poemas podemos
Recrear la bagatela
Que se dice peso muerto
Para darle nuevas alas
Con que unirnos a su vuelo.

Y de esas alas, en vilo,
De sus poemas, os dejo,
En esta ya casi noche
De este sábado de enero,
En mi ciudad (que no sé
Si lo fue o lo sigue siendo,
Pero a la que, enhechizado,
De cuando en cuando regreso)
Tras cumplir con mi deber,
Sometido a los preceptos
De amistad, rima y razón,
Sin demasiados tropiezos.

Y en la que también vosotros
Podréis emprender el vuelo
Hacia vuestro propio abismo,
Alentados por los versos
Con que Antonio nos regala
Para sabernos en ellos.


[© del Romance: Francisco Castaño] 



martes, 19 de enero de 2016

Un año más



Paso a paso, la vida. Paso a paso,
el tiempo levantando y derruyendo.
Y en su rumor, los sueños, las derrotas,
las grandes esperanzas, los afectos.
Paso a paso, la vida. La cruzamos
al alimón, debido a aquel encuentro
donde el fulgor, ardiendo en nuestros ojos,
alimentó la llama del deseo.
Desde entonces, el río de la vida
—ese tópico exacto al que volvemos—
nos lleva en su corriente. Codo a codo,
remamos rumbo al piélago del sueño.
Cumples un año más, y estás conmigo.
Juntos, con nuestro amor, envejecemos.

lunes, 18 de enero de 2016

A los sesenta y uno

(Por un error en la gestión de "Entradas", he eliminado la entrada de hoy, 18 de enero. Vuelvo a recomponerla; desgraciadamente, sin los comentarios de Pedro Ojeda y Alfredo J. Ramos, y mis respectivas respuestas. Disculpad.)


Hoy cumplo un año más: la vida sigue,
y yo sigo con ella. Caminando,
acaso más despacio, pero abierto
al fugaz infinito del instante.
Salgo a la calle. Aspiro la mañana,
y lleno mis pupilas de esa luz
que, generoso, el sol me da sin tasa.
Y sigo caminando. Hacia un futuro
del que nunca se sabe su final.
Un año más. Y van... Que vengan muchos
si mis pasos me llevan donde quiera
mi corazón, y ordene mi cabeza
con claridad el tiempo. Cumplo años.
La vida sigue. Escribo. No está mal.  

viernes, 15 de enero de 2016

AVISO URGENTE: CAMBIO DE MUY ÚLTIMA HORA.




Por cuestiones de Agenda de Librería Hydria, de Salamanca, la presentación de mi libro "Para saber de mí", programada para mañana, sábado 16, las 19,30 horas, se adelanta a las 18,15 h.
Ruego disculpas, a cuantos podáis estar interesados en acudir, por esta modificación, ajena por completo a los intervinientes en el acto.

Morerías

[Imagen tomada de la página de Facebook de Ediciones Liliputienses]

            El 12 de enero de 2012, en este mismo espacio, acusaba recibo con este soneto de 99 Morerías, de Elías Moro; librito delicioso, numerado y encuadernado mediante gusanillo, en el que se recogían 99 chispazos, reflexiones, metáforas (o greguerías) de este autor vallecano, afincado en Mérida desde principios de los ochenta. Noventa y nueve miradas a la vida para ofrecérnosla como sólo un poeta puede hacerlo: con esa pura desnudez capaz de sugerir, más que mostrar.  
            Cuatro años después, día arriba, día abajo, en mi buzón me vuelvo a encontrar con el amigo y sus Morerías; en esta ocasión, vestidas con la elegancia y sencillez (preciosa esa portada con la imagen de una ciudad mítica para Elías, como es Lisboa) que aporta la edición liliputiense, al cuidado del poeta José María Cumbreño. Con respecto a aquella primera muestra, ésta viene crecida. Sin haberlas contado, diría que acaso se haya ampliado hasta las trescientas Morerías, o así, sin que por ello la agudeza, sutilidad, belleza, precisión y sentido del humor que caracterizaba la edición de 2012 se haya visto afectada.
            Abro al azar el libro entre las páginas 48 y 49, y leo: El jardinero es un Abraham de la hierba: la hace crecer y luego, inmisericorde, la corta. Y sigo leyendo: El traductor es un contrabandista amable de lenguajes e idiomas. O: Ataúd: submarino de madera bajo tierra con un solo tripulante. Y aún más: La ardilla es una ratita presumida con cola de visón.
            Da igual a qué página nos asomemos, por dónde comencemos a leer. De principio a fin iremos viajando por un territorio que, aun conocido, sólo nos puede ser realmente revelado por la manera de mirar de Elías, que ajusta, a cada vericueto del camino, la palabra exacta, la claridad más pura, la Belleza (escrita con mayúscula).  

miércoles, 13 de enero de 2016

El terror, otra vez


[Imagen tomada de la edición digital del diario Público]


Ayer, apenas enterado del atentado en pleno centro de Estambul, ciudad que tuve la suerte de visitar hace cerca de un año, escribí este poema "con las tripas" y lo subí a mi muro de Facebook. Hoy lo dejo en el blog, sin quitar ni poner una coma, con el mismo asombro e idéntica incredulidad ante atrocidades como esta. 

Un atentado nuevo ha desolado
Sultanahmet. Las bombas, nuevamente,
el terror desbocado en las aceras,
el odio empaquetado en la metralla
para sembrar la muerte sin sentido.

Un hombre, una mujer, un niño... pasan
por una plaza donde la luz fulge,
y hay hermosas mezquitas, y la vida
se desarrolla en armonía y paz.
Y, de repente, todo se estremece,
revienta el tiempo en un gran estallido
y se dispersa el fuego, la amalgama
de hierros, clavos, tuercas y tornillos:
elementos sencillos que así sirven
para segar la vida: cualquier vida.
Todo en nombre de un Dios, que, sin embargo,
en caso de existir, repudiaría
el execrable hecho de matar.

                                                   Las cosas,
irremediablemente, son así.
Y el mundo se estremece. Se estremecen
el hombre, la mujer, el niño... todos
cuantos con buena voluntad caminan
con las manos abiertas por la vida,
dispuestos al abrazo, y no conocen
la espoleta del odio que ahora emplean
los que, ajenos al Dios por el que matan,
se empeñan en sembrar desolación.

Un atentado nuevo en pleno centro
de Estambul, esta vez. Mañana, dónde. 

martes, 12 de enero de 2016

Presentación en Salamanca



Aunque con algo de retraso, dado que ya hace un año de la publicación del libro, pero con la ilusión de lo recién estrenado, el próximo sábado, estupendamente escoltado por Paco Castaño y Mario Pérez Antolín, presentaremos en la Librería Hydria, de Salamanca, Para saber de mí. Estoy emocionado por poder leer mis poemas en una ciudad con el peso y tradición cultural que ésta tiene. Además, espero poder saludar a amigos que hace tiempo no veo y disfrutar de su compañía. Estáis todos invitados. 

miércoles, 6 de enero de 2016

Por eso escribo

[Imagen tomada de aquí]


Para llegar a comprender escribo.
Para que me rescaten las palabras
ordenadas de acuerdo con su música,
ordenadas de acuerdo con un código
necesario, que ignoro de antemano.
Escribo para llegar a comprender
lo que de otra manera no sabría,
lo que mis ojos y mis manos,
a pesar de saber, nunca sabrán
decirme con la misma precisión.
Escribo para alzarme en un espejo
de palabras, acentos y oraciones.
Para llegar a mí: la única forma
de poder confluir con los demás.
Y cada intento de escritura es siempre
un viaje hacia una tierra indefinida,
un caminar sin rumbo, aunque al acecho
de exactas coordenadas. Desde el mismo
instante en el que escribo la primera
palabra del poema, no hay posible
camino de regreso. Y nunca sé
si alcanzaré un lugar hospitalario
o en la vaguada de un pronombre —tuyo,
pongamos por ejemplo— quedará
varado mi deseo de saber.
Por eso siempre, aunque pase mil días
lejos de la palabra, me desando
y vuelvo a la escritura, y me sumerjo
otra vez en su música, y me dudo,
y ensayo laberintos, y al fin tengo
el poema ante mí, con sus preguntas,
dispuesto a caminar ajeno, a solas,
llevándome con él y, al mismo tiempo,
ignorando quién soy, pues busca dueños
diferentes a quien ahora lo arropa
para que salga al mundo y dé respuestas
que sin él no tendré. Por eso escribo.