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jueves, 31 de marzo de 2016

Convivir no es difícil, sin fundamentalismos

[Imagen tomada de aquí]

A cada razón tuya esgrimo una contraria.
Ninguna de las dos es la definitiva.
Dejemos a la vida su rutina diaria.
Vivir: dejar vivir. No hay mejor perspectiva.

Respeto tus razones;  mas, por favor, no intentes
que te dé la razón, pues la razón no es una.
Más que razones busco la bondad de las gentes,
y no lo que predican desde cualquier tribuna.

Si tu mano se abre y mi mano se presta
a estrecharla, sincera, qué importa que pensemos
de manera distinta. Me vale con la honesta
voluntad de entenderse, lejos de los extremos.

Para ello sólo basta que tengamos aún
un pequeño resquicio de sentido común.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Intríngulis

[Imagen tomada de aquí]

Ésa, no otra; y en ese orden. Ahí reside el misterio de la verdadera Poesía: en la palabra justa y el orden luminoso. 

martes, 29 de marzo de 2016

Deshilar el silencio

[Las Hilanderas o Fábula de Aracne, de Velázquez. Museo del Prado - Madrid]

Deshilar el silencio. Y, poco a poco,
tejer con su madeja transparente
las palabras precisas. Y decir,
por ejemplo, “Te quiero”, como nunca
antes jamás sonó, como si fuera
un espacio de luz que inauguraran
esas palabras simples y desnudas.
O decir “Poesía”, y que un torrente
de sentido, pasión, conocimiento,
laberintos salvados, emociones
y mil paisajes íntimos se muestren
y lleguen a la orilla de los otros.
Deshilar el silencio, en un continuo
ejercicio de amor y de esperanza.
Y alzar desde el silencio la Palabra,
la única, la precisa, la que suma:
esa que nos arrastra a esta tarea
de incorregibles bardos en destierro.

lunes, 28 de marzo de 2016

Más daguerrotipos

[© C. E. L.] 

En las fotografías de ayer habitan otros. ¿Quién podría decir que es uno mismo?

domingo, 27 de marzo de 2016

Daguerrotipos



Será algún día, cuando ya no esté.
Alguien revisará fotografías
y me verá de niño, adolescente,
joven, adulto, viejo...  Entre sus manos,
la imagen del fugaz daguerrotipo
será un trozo de vida, tiempo alzado
y quieto en los relojes para siempre.

Desde esa imagen miraré, vacío,
a quien me esté mirando, sin que tenga
un solo pensamiento que ofrecerle,
mientras con su mirada me rescata
y, acaso, por apenas un instante,
me acerca a la vorágine de un mundo
que, ajeno a mí, continuará existiendo.

sábado, 26 de marzo de 2016

Feliz sábado

     En Facebook me encuentro con este vídeo que recoge la grabación de "Las malas compañías", de Serrat, acompañado por los geniales Les Luthiers. No me resisto a compartirlo también aquí. 



Un poema de amor

[Detalle de El Beso, de Gustav Klimt]

Llegar a ti como quien llega
hasta la orilla misma de la playa,
al encuentro desnudo con las olas
que en plenitud estallan.

Llegar y sumergirme
en el fulgor volcánico que mana
desde tu transparencia
y cálida abundancia.

Y desde ti, contigo,
traspasar el umbral de la mirada,
y así reconocernos, nuevamente,

en esa luz que llama;
que, líquida, se funde y se reinventa
en voz, en miel, en lava.

viernes, 25 de marzo de 2016

En las ruinas de Cáparra



Recuerdan estas piedras
otro tiempo remoto,
otro azar, otros hombres,
otros sueños perdidos
en la mar del pasado:
imperios que ayer fueron
y viven en sus ruinas.

No es nada nuevo. Todo
guarda su propia muerte
y habitará el recuerdo
de quienes luego vengan.
Hasta que también éste,
al cabo de los siglos,
se acabe por borrar.

Las piedras y el silencio
conversan de nosotros.
La historia que aquí vive
ya predice el futuro. 

jueves, 24 de marzo de 2016

Recuerdos de otras Semanas Santas

[Imagen tomada de aquí]

            Llegaba Jueves Santo y, año tras año, se repetía la gozosa rutina en nuestra casa. Muy de mañana, mi madre tomaba posesión de la cocina y se dedicaba a preparar una deliciosas torrijas, que eran postre obligado hasta el Domingo de Resurrección (cuando no acabábamos con ellas mucho antes; algo que, a menudo, solía ocurrir). Comenzaba el particular ritual llevando a ebullición, en el fuego, aún de picón, leche aromatizada con cáscaras de naranja y limón, azúcar y palos de canela. Un hervor de unos diez minutos y retiraba el recipiente del fuego para que templase. Entonces preparaba un plato con huevo batido, y con un buen pan de miga hecho rebanadas, comprado el día anterior para que estuviese debidamente asentado, empezaba el proceso. En una sartén, con abundante aceite, a temperatura adecuada, freía las torrijas, que, previamente, mojaba en leche y pasaba por huevo, y que, una vez doradas, colocaba en una gran bandeja de porcelana blanca, tras espolvorearlas con azúcar y canela.
            Mi padre, mientras tanto, también se ocupaba del otro ingrediente imprescindible en tales fechas: la limonada (que en otras zonas, quizá con más exactitud, debido a su color, llaman sangría). Para ello, la noche anterior, había rallado la piel de dos limones y exprimido su zumo en una cacerola, a la que añadía una pequeña cantidad de vino tinto, ligeramente embocado, junto a dos o tres cucharadas de azúcar. A la mañana siguiente, decantaba aquel jarabe, y le añadía más vino y agua (una parte de agua por dos de vino) y, si era necesario, cosa que no solía suceder, algo más de azúcar; varios limones troceados completaban la receta. Todo ello, tras jarrearlo con profusión, quedaba en reposo y lugar fresco hasta la hora de los postres, momento en que los comensales degustábamos el tradicional dulce y la deliciosa bebida.
            Seguramente, en estos tiempos, los educadores no hubieran aprobado el que unos niños, como éramos mi hermana y yo, probásemos siquiera aquella limonada, con su correspondiente graduación alcohólica, algo que hacíamos en muy pequeña dosis y que era, en esencia, parte de un ritual familiar y festivo.
            Hoy, que mi padre no está, soy yo quien prepara cada Semana Santa esa limonada. Su sabor, junto a las torrijas de Carmen, me devuelve a aquella infancia y acerca a mi padre hasta la mesa.

            

miércoles, 23 de marzo de 2016

Un río que agoniza

[© A. C. G.] 

Asomado a la orilla del río de mi infancia,
imagino la mar, adonde llega.
Aunque no la imagino: la recuerdo,
pues visité Lisboa algunas veces
y puedo revivir ese paisaje
donde O Tejo —mi Tajo—
se funde con la mar.
                                            Hoy la rescato
de algún rincón de mi memoria; viene
empapada de luz aguamarina,
luz atlántica, mezcla
de anaranjados, grises y celestes:
sustancia cardinal de los colores
mientras el sol se oculta.
Y detrás de esta luz —de aquella luz—
recuerdo —o he de decir, mejor, ahora imagino
a mujeres y hombres que transitan
sin prisa por los muelles, que contemplan
esa puesta de sol que desvanece
con sigilo y aprisa los contornos.
Y, mientras tanto, aquí, las aguas bajan
sin apenas rumor: calladas, muertas;
amordazadas aguas de otro río
que supo de mi piel tantos veranos.
Aquí todo está quieto. El aire huele
a podredumbre y cieno. 

martes, 22 de marzo de 2016

Del silencio y su afán



Tu silencio no sabe de elecciones
y sí de laberintos y fronteras.
Desnuda el mar de luz, y arde en la espuma
imprecisa y arcana de los sueños.
Tu silencio —que abarca hasta el abismo
que le niegan tus manos— se levanta
por encima de ti cuando te dicta
un idioma tenaz e indescifrable.
Tú batallas contra él con las palabras
que de niño aprendiste; lo acorralas
hasta que se repliega y vuelve el mundo
a vibrar, en campanas traducido,
en alas y alazanes: pasajeras
victorias, como huellas en la arena. 

lunes, 21 de marzo de 2016

4 haikus de primavera



Bajo las ramas
del almendro, gorriones.
La luz, en vilo.

  
Las habas tiernas;
la celinda en el patio.
Relojes huecos.

  
Liliputienses
saurios en la enramada.
Tiempo dormido.

  
Todo es camino:
también la primavera
será verano.


domingo, 20 de marzo de 2016

Aprovechar el día




En la larga batalla que la vida propone
sólo hay un vencedor, y ese es el tiempo.

Nosotros, asomados a la vida,
avanzamos, luchamos con las armas
que el azar nos ofrece y resistimos
un día y otro día, mes tras mes,
año tras año. Y puede que creamos
que vencemos. (La juventud no sabe
que las cartas están siempre marcadas
en este lento juego que es vivir.)

Más adelante, armados de experiencia
que nos sirve de poco vislumbramos
que la estrategia, las estratagemas
que un día maquináramos, no valen
para poder calmar nuestras angustias
y sosegar nuestros desvelos. Nada
puede frenar la sed de los relojes.

Mejor es aceptar nuestra derrota
y aprovechar el día.

sábado, 19 de marzo de 2016

Las manos de mi padre



(Por tercer año, tras su marcha, no podré felicitar a mi padre en este 19 de Marzo, Día del Padre. Aunque así sea, yo seguiré sintiéndole a mi lado, y agradeciendo su amor y tanto sacrificio en favor de los suyos. Dejo aquí, en su recuerdo, este poema.)


Las manos de mi padre, curtidas por el frío,
receptoras de golpes de martillos y abiertas
al dolor de los otros, eran manos de un hombre
que dejó de ser niño a causa de la guerra.

Las manos de mi padre, sin embargo, sabían
de caricias, ternura, calladas esperanzas;
llevaban el aroma de la higuera y el peso
que la vida acumula, conforme el tiempo pasa.

Las manos de mi padre, firmes para el trabajo,
lo fueron, igualmente, para encauzar la vida
de sus hijos, y ejemplo de honradez y constancia:
manos que enlazan manos contra toda fatiga.

Como antes a otras manos, se las llevó la muerte.
Yo, en cambio, sé que viven conmigo para siempre.


viernes, 18 de marzo de 2016

Diarios (2012-2013), de Hilario Barrero

[Imagen tomada de la edición digital de ABC Toledo 10-01-2016] 

           A principios de febrero recogí de mi buzón de correo Diarios (2012-2013) —editados por Isla de Siltolá—que, tan generosa y amablemente, me envió su autor, Hilario Barrero, cuando estaba a punto de partir de regreso a Nueva York. Estuve acompañándole durante la presentación del libro en la Biblioteca de El Alcázar, en Toledo, junto a un muy buen amigo suyo, Ángel Ballesteros, y nos prometió un ejemplar a cada uno. En su día, nada más recibirlo, acusé recibo a Hilario por mensaje privado de Facebook, y en él le decía que me ponía a paladearlos —los Diarios— de inmediato; algo que desde entonces he hecho a pequeños sorbos, a veces mediante la lectura de sólo una o dos páginas. Así, las 359 páginas del libro las he ido desmenuzando despacito, gozándolas sin prisa, visitando con el autor paisajes tan distintos como ese Brooklyn en el que reside, ese Toledo de su infancia, con personas y personajes esenciales para él; esa Asturias verde y hospitalaria que le recibe durante los veranos. He conocido de sus afectos, sus preocupaciones y sus miedos, de sus ilusiones y sus esperanzas; de su amor, asentado y sereno; de sus vecinos, sus alumnos, sus clases...; de su peculiar relación con la fotografía, que no es sino una prolongación de su manera de observar como poeta... Estos Diarios son la crónica de un tiempo y de unas circunstancias concretas, sí, pero, a la vez, son testimonio de un ser humano que, como en el poema de Cavafis, sabe que el itinerario, más que el destino, es la verdadera esencia del viaje.
            En este mes largo de lectura lenta, he aprendido de su buen hacer con la palabra, de la belleza de las imágenes a las que recurre para expresar lo que cualquier otro haría acaso de forma más burda, de su especial y seductora sensibilidad. Porque la prosa de estos Diarios es la prosa de un poeta, de una belleza formal impecable, rotunda y, al tiempo, sugerente. Así, la mirada por estos dos años trasciende a la anécdota, o la referencia personal o colectiva, y alcanza un valor literario destinado —así lo creo— a permanecer en el tiempo.
            Un libro, en definitiva, que viene a ratificar la gran sensibilidad y el altísimo valor literario de Hilario Barrero y que hará las delicias de cuantos quieran caminar con él por estas páginas. 


jueves, 17 de marzo de 2016

Un anuncio

         Hoy, en Talavera de la Reina, dos lecturas de Poesía, casi a la misma hora. Y aún no hemos aprendido a desdoblarnos.

         En la Biblioteca José Hierro, presentado por el poeta Miguel Argaya, dentro del Aula Joaquín Benito de Lucas, leerá Ángel Ballesteros, a las 19,30 h.

         En la Galería Cerdán, presentado por el también poeta José Pulido, lo hará Victoriano Terradillos, poeta franciscano. Será a las 20 h. 

Poetas (acaso una canción)

[Fotografía tomada durante la 1ª Edición de Centrifugados]


Vamos dejando rastro de nosotros,
con más o menos maña, en nuestros versos:
reflexiones y hallazgos que apuntamos
con el mundo al acecho.

Hablamos de la vida que nos toca,
de lo perdido, de lo que tenemos,
de la esperanza, el miedo, los fracasos,
el amor y los sueños,
del dolor muchas veces, de la muerte
y del paso del tiempo.

En el filo cabal de las palabras
alzamos campamentos:
con la voz más oscura o con la llama
más clara del deseo.

Ni los versos cotizan, ni curamos
con ellos las dolencias de los cuerpos,
pero ocurre también que, en ocasiones,
el verbo es linimento
que alivia de tensiones cotidianas
y de malos recuerdos.

Vamos dejando rastro de nosotros,
con más o menos maña, en nuestros versos.
Y resulta que el rastro que dejamos
no es solamente el nuestro. 

miércoles, 16 de marzo de 2016

Río inalterable


[Joachin Patinir: El Paso de la Laguna Estigia. Museo de El Prado]

Escribo una vez más del paso de las horas,
del río inalterable que es el tiempo,
de esa alta dictadura que gobierna
la vida hasta el silencio.
En ese laberinto de latidos
se cifran nuestros sueños,
los fracasos también, 
las ilusiones,
el amor y el deseo.
Así pasa la vida,
sin descanso:
fuimos, somos, seremos...
hasta ser sólo nada,
olvido, polvo,
cifra,
distancia,
cero. 

martes, 15 de marzo de 2016

Blas de Otero

Sirva la "reedición" de esta entrada lejana (13-09-2010) en Verbo y Penumbra, para recordar a Blas de Otero, en el centenario de su nacimiento. Escrito tras leer "Hojas de Madrid con La Galerna":



 [Imagen: portada de la edición de Galaxia Gutenberg y Círculo de Lectores]



Me encuentro con la voz de Blas de Otero
—las Hojas de Madrid con La Galerna—.
Sus versos son clamor y son linterna,
y esperanza y amor y desespero.

Son los versos de un hombre que pregunta,
que mide el tiempo que le queda y sabe
que en una sola vida nunca cabe
la vida que se sueña y se pespunta.

Está el hombre que busca y que recuerda
geografías, amigos, situaciones;
que maldice, que viene en sus canciones
y escribe versos con la mano izquierda.

Un hombre como todos: confundido.
Y, a veces, con un verso mal medido.

Carpe diem


       Una copa de vino en compañía, una conversación serena y con sustancia, la cómplice sonrisa de un amigo, una mano cercana, un cuerpo en quien buscarse, los conciertos de Bach, una puesta de sol, ese poema... Y que nos quiten lo bailao. 

lunes, 14 de marzo de 2016

Búsqueda

[Imagen tomada de aquí]

Doy vueltas
alrededor de mí,
y no me alcanzo nunca.
Me avisto
a una cierta distancia
conveniente,
precisa,
para, con cierta perspectiva,
poder reconocerme.
Pero nunca me alcanzo,
nunca
confluyo en mí
con suficiente fuerza,
de modo que
pudiera confirmar
que aquel que creo que soy,
soy
ciertamente.
Doy vueltas
alrededor de mí.
No cesa el tiempo. 

domingo, 13 de marzo de 2016

Engaño vano

   
[Reflections, de Tom Hussey. Imagen tomada de aquí


     ¿Quién no ha tenido alguna vez la tentación de engañarse a sí mismo? Y si lo ha hecho, ¿dónde el mérito?, ¿cuáles, los resultados?

viernes, 11 de marzo de 2016

El rápido

[Imagen tomada de aquí]

Se adelantaba a sus propios pensamientos. Solía perderse.