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sábado, 30 de abril de 2016

Haiku de abril

[Imagen tomada de aquí]

Próximo mayo.
La celinda, ya arcángel
de aromas blancos.

viernes, 29 de abril de 2016

Alfredo J. Ramos en Galería Cerdán

[© C. E. L.] 

            Tal y como estaba anunciado, ayer, en el Ciclo de Poesía de Galería Cerdán, le tocó el turno a Alfredo J. Ramos, poeta talaverano que hacía muchos años que no hacía una lectura en su ciudad natal. Cuantos acudieron a la cita —la sala estaba prácticamente al completo— seguro que no salieron decepcionados. Alfredo estuvo seguro e ingenioso, y dio un repaso por su obra, tanto publicada como inédita (mucha de ésta, publicada en su blog La posada del sol de medianoche). Me tocó presentarlo, y estas fueron mis palabras de introducción:

Señoras y señores, amigos todos:

            Esta noche, en el programa de lecturas en la Galería, tenemos una verdadera primicia, un auténtico descubrimiento, aunque el autor que nos va a deleitar con su intervención, Alfredo J. Ramos, sea sobradamente conocido por todos ustedes y cuente con un amplio y variado bagaje literario. Lo que ocurre es que buena parte de éste permanece inédito, y el autor alejado de cualquier actividad pública, en cuanto a su obra se refiere.

            Con Alfredo ocurre lo contrario de lo que suele suceder con autores que se dedican a escribir durante buena parte de su vida, o toda ella. Lo normal es que sea difícil publicar al principio y que, más adelante, las salidas al público sean relativamente fáciles y habituales. En el caso de nuestro autor, ha sido justo al contrario: publicó su primer libro con veintiún años y el último, hasta ahora, con treinta y tres; después... el silencio, si bien desde 2007 viene mostrando buena parte de su obra en La posada del sol de medianoche, blog que lo mantiene en contacto con el lector, y al que me referiré más adelante.

            Decía que Alfredo es un autor que publica a temprana edad. Lo hizo en la prestigiosa colección Adonais. Esquinas del destierro, fue el libro con el que obtuvo un accésit de tal galardón en 1975, cuando, como he dicho, contaba con sólo 21 años. En él puede ya advertirse la esencia de un escritor que conoce el oficio, tiene un importante bagaje cultural tras de sí y sabe adentrarse en los misterios del poema con seguridad y valentía. Así, el libro se abre con un soneto en alejandrinos de impecable factura, y continúa en un tono meditativo, de marcado carácter humanista y existencial, salvando diversas y variadas esquinas con versos tan bellos y rotundos como este comienzo de Variaciones sobre el agua:

Irremediablemente, se muere en un espejo
a diario y en sombras de pámpanos jugosos
nuestra cascada voz. Somos las firmas
de pájaros nocturnos en los árboles,
en todos los sicómoros propicios de la tierra.

            O estos otros, del poema Donde acampa la muerte:

Y ocurre que la muerte es como un pájaro
fieramente neutral
que va trazando signos parecidos
a los cromos de antaño, tan procaces.

            O más adelante, en Esquina con espejo:

Y bien, ya estamos solos de nuevo frente a frente,
tu frente en el espejo,
mis ojos en tu cara,
la boca en el cristal y confundidos.

            En las solapas del libro—permítanme que les lea—, se dice: El mundo y el hombre tienen aquí un ámbito de destierro, cuyo origen se remonta a la más primitiva raíz del ser vivo. El poeta pluraliza su voz para impregnarse de la muerte y de lo que, por supuesto, todos participamos.

            Y continúa:

            Esa anchurosa conciencia de la aventura humana da al presente libro un acento que podríamos llamar neorromántico, a veces de una forma muy específica (soledad, desesperanza, amor fugaz). Siento que mi destino es arrastrar palabras / hasta alguna orilla oscura, dice. Pero también hay una visión confortadora: Os digo que los hombres son regreso / a unos niños futuros. Versos con los que no sé si, al cabo de los años, sigue el autor estando de acuerdo.
           
            En diciembre de 1980, en un número doble de la colección La Troje, aventura editorial que llevamos a cabo aquel grupo de jóvenes entusiastas que éramos entonces Sagrario Pinto, Antonio Rubio, Agustín Yanel, Alfredo y un servidor; bien es verdad que seguimos siéndolo: jóvenes y entusiastas. En aquella colección, digo, publica Territorio de gestos fugitivos, libro compuesto por 11 poemas —4 de ellos en prosa—, nada fáciles, en los que explora los caminos del yo y sus múltiples rostros. Libro cargado de imágenes y metáforas, donde pueden apreciarse ecos de poetas malditos y el peso de un tiempo donde el humo era materia inseparable de los sueños.

            El 29 de mayo de 1987, Alfredo obtiene el Premio Castilla-La Mancha de poesía por El sol de medianoche, del que, previamente, en 1985, había publicado una plaquette con el título de Fragmentos de la noche, en la colección Carpetas de Poesía Tesela, dirigida por nuestro malogrado amigo, José Luis Reneo.

            En este libro se condensa buena parte de lo que es su obra hasta ese momento: incluye poemas que con anterioridad habían formado parte de otros libros inéditos junto a textos de reciente producción, y otros mucho más lejanos en el tiempo. En El sol de medianoche, el poeta realiza un viaje por la Historia, un viaje abierto al conocimiento, donde su voz, ora individual, ora colectiva, se mezcla y acompasa a la voz del mundo, para hacernos partícipes de la inquietud, extrañeza, esperanza y dudas del poeta, ante esa rueda continua que mueve la vida.

            En 1987, Alfredo tiene 33 años y se muestra como un autor de contrastada madurez. Sus lectores estamos a la espera de próximas entregas, pero, desde entonces, él anda más dedicado a su labor profesional como editor, primero en Salvat y más tarde como agente libre; resultado de ésta, destacan sus interesantes trabajos en diversas guías de viaje por España o la revisión de los diccionarios Espasa o Larousse.

            Mientras tanto, sigue acumulando textos que no tiene ninguna prisa por publicar, privándonos del placer de acercarnos a su quehacer como poeta. Entre su mucha producción inédita, me gustaría hacer referencia a Pulsos de luz, libro de sonetos del que ofrece algunas muestras a finales del pasado siglo a través de internet, en el foro de sonetos de la página Poesía.com, punto de encuentro que ambos visitábamos, hasta que se cerró, debido a los graves problemas económicos que por aquel tiempo atravesó Argentina, desde donde se administraba.

            A partir de 2007, como apuntara antes, cualquier interesado en la obra literaria de Alfredo J. Ramos tiene que acudir, inexcusablemente, a su posada, La posada del sol de medianoche, blog que mantiene desde entonces. Interesado de manera muy particular por ese mundo nuevo que encuentra cabida en internet, y convencido de las grandes posibilidades creativas de la Red —no olvida, por supuesto, también sus peligros y contradicciones—, Alfredo nos deja en los salones de la posada continuas huellas de su tarea poética, crítica y, en general, observadora de cuanto ocurre a su alrededor, ya sea relacionado con el arte, la política, la actualidad, la ciencia...

            No quisiera alargarme demasiado en esta presentación, pero me van a permitir que haga aquí referencia a una pasión de nuestro autor, directamente relacionada con la magia que encierran las palabras y el sentido del juego, y que no es ajena, en absoluto, a la propia poesía: la búsqueda de palíndromos —esa forma capicúa que conforman las letras debidamente dispuestas— de los que, a día de hoy, ha publicado en el blog en torno al medio centenar, y que, habitualmente, acompaña con comentarios, reflexiones, imágenes o, incluso, algún vídeo. Me permito destacar, por lo que tienen tanto de ingeniosos como de certeros y actuales, sólo 4 de ellos: Robaban a babor, Soborne en robos, ¿Irá Rato...? ¡Tararí! O, para mí, el agudo Yerno con Rey, cuya entrada en el blog acompañó con una viñeta de El Roto, publicada en El País el día 7 de marzo de 2012. Se da la circunstancia de que, al ir a registrarlo, supo que Juan Filloy, un maestro en la materia, había llegado a él con anterioridad, algo que en este juego ocurre con cierta frecuencia.

            Cuenta con palíndromos de más extensión, como, por ejemplo: Balas al alba (Habla la sala B), que le sirve de excusa para hacernos partícipes de una sesión nocturna de cine, y muchos otros que adquieren mayor significado a la vista del comentario que los acompaña o, como decía, de las imágenes o vídeos con los que Alfredo los interrelaciona. Si tienen curiosidad, y les gusta tal juego —aquí va la cuña publicitaria—: pasen sin llamar a La posada del sol de medianoche, cotilleen por sus piezas y salones. Estoy seguro de que, en su deambular, tropezarán con más de un hallazgo de su agrado.

            Por último, cabe resaltar, entre lo mucho que pueden encontrarse en este peculiar albergue, dos cosas más: los textos, a modo de apuntes de un diario personal, que el autor agrupa bajo el título de Tiempo contado, en los que comenta asuntos misceláneos, compaginando el verso y la prosa; y sus personalísimas Tiradas de dados, otro ejercicio que, como los palíndromos, tiene mucho que ver con la propia naturaleza de las palabras. Les cuento en qué consisten. Cada tirada se construye a partir de una frase —verso, aforismo, sentencia— de seis palabras que se combinan entre sí hasta en seis ocasiones, de modo que, al hacerlo, se forma, gráficamente, un cubo que encierra creativas y curiosas significaciones e invita al lector a poner en marcha su imaginación.

            Es cierto que, en cuanto a obra impresa, Alfredo nos debe unos cuantos libros —poder acariciarlos, olerlos, llegado el caso, anotar en sus márgenes, dialogar con él a través de ellos...—, algo que, me da la sensación, hoy por hoy no está entre sus prioridades. Sin embargo, creo que esa carencia queda suficientemente compensada con su trabajo como regente de esa Posada a la que no me canso de invitarles, seguro que de ella, como del establecimiento en que hoy nos encontramos, jamás saldrán insatisfechos.

            Y ahora, sin más, les dejo con la palabra de Alfredo. Dispongámonos a disfrutar de ella. Muchas gracias.

martes, 26 de abril de 2016

Lectura de Alfredo J. Ramos

[© C. E. L.] 

El jueves, 28 de abril, a las 20 h., en la Galería Cerdán, de Talavera de la Reina, leerá una selección de su labor poética Alfredo J. Ramos, al que tendré el honor de presentar. Alfredo, que hace muchos años que no muestra su tarea al público, más allá de cuanto recoge en su blog, La posada del sol de medianoche, publicó su primer libro, Esquinas del destierro, en 1976, cuando tenía 21 años, tras haber obtenido el año anterior un accésit del Premio Adonais. Posteriormente, en la Colección La Troje, editada por el Colectivo La Troje, del que formaba parte junto a Antonio Rubio, Sagrario Pinto, el periodista Agustín Yanel y el que esto escribe, aparece Territorio de gestos fugitivos, en 1980, y en 1987 obtiene el Premio Castilla La Mancha de Poesía, por El sol de medianoche, del que había publicado una plaquette, en 1985, con el título Fragmentos de la noche, en la colección Carpetas de Poesía Tesela

Alfredo J. Ramos se licenció en periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información, de la U.C.M. Trabajó como editor en Salvat y, posteriormente, como freelance. Es autor de diversas guías de viajes por España, así como coordinador de la revisión de los Diccionarios Espasa y Larousse, realizada hace algunos años, entre otros importantes trabajos editoriales. 

Como apuntaba anteriormente, no es fácil escucharle decir sus poemas en vivo y en directo, por lo que el acto del próximo jueves será una ocasión inmejorable. A él os invito a cuantos podáis acercaros a la Galería Cerdán. Estoy seguro de que no saldréis defraudados.  

sábado, 23 de abril de 2016

Libros hospitalarios



     El 13 de enero de 2009, recién montado este chiringuito, con el título De libros y lecturas, publiqué una primera versión del poema que, con el título definitivo de Libros hospitalarios, apareció en Para saber de mí. Hoy, Día del Libro, me parece oportuna su recuperación:  

                                         Para Alba y María, 
                                         lectoras incansables.

Vine a vosotros muchas veces desde 
que descubriera, al filo de mi infancia, 
que el mundo entero estaba en esos hilos 
de tinta que conforman las palabras. 
Con vosotros crucé selvas y mares
en los que mil peligros acechaban; 
supe de dioses, héroes y titanes, 
de brujas, de dragones, de madrastras.
Anduve en los desiertos y en los polos, 
conocí bucaneros y piratas, 
caballeros andantes, dulcineas, 
islas perdidas en perdidos mapas. 
Y cuando fui asomándome a ese espacio 
donde la vida, en serio, me aguardaba, 
siempre encontré consuelo a vuestro lado: 
un consejo, un camino, una palabra... 

Vuelvo a vosotros muchas veces. Siempre
me encuentro a buen cobijo en vuestra casa.  
                                          



viernes, 22 de abril de 2016

Veintidós de abril: verbo y memoria *

[Mis abuelos, celebrando sus Bodas de Oro]


     Tal día como hoy era el cumpleaños de mi abuelo, y, también, el aniversario de boda de mis padres. De ahí la costumbre, cuando yo era pequeño, de reunirnos a comer la familia en la vivienda de los abuelos, en la planta baja de la misma casa que nosotros habitábamos.

     Recuerdo que desde por la mañana bien temprano la abuela ya andaba metida en la cocina preparando el almuerzo, que, según su costumbre, todos los años era el mismo. Bien aderezado y copioso, no quedaba otra que, al menos durante un par de días más, repetir hasta acabar con el total de existencias. A los entremeses, más o menos habituales en la celebraciones —jamón, embutidos, queso, aceitunas rellenas, mejillones, anchoas y patatas fritas; éstas compradas por mi hermana y por mí esa misma mañana en la Fábrica de Patatas Fritas La Esmeralda, a unas pocas calles de nuestro domicilio—, seguía una sopa al cuarto hecha con un sofrito de cebolla, ajo, pimiento y tomate, caldo de pescado, chirlas, calamares, gambas, rape, huevo cocido, higaditos de pollo triturados y coscurritos (o, lo que es igual, dados de pan frito, que tanto nos gustaban a mi hermana y a mí). La sopa siempre llegaba a la mesa bien caliente, de modo que rara era la vez que el abuelo, en la primera cucharada que se llevaba a la boca, no acabara quemándose, cuestión que daba irremisiblemente en un diálogo entre mi abuela y él que era todo un clásico. Tras el taco de rigor, mi abuelo protestaba por la excesiva temperatura del caldo, y mi abuela, con toda la lógica del mundo, respondía que así estaba a gusto de todos. Ante argumento tan devastador, no cabía otra respuesta que el silencio, que era el que adoptaba mi abuelo mientras, ahora sí, soplaba una y otra vez la cuchara antes de llevársela nuevamente a la boca. A continuación, gallina en pepitoria. Para ello, la víspera, la abuela había elegido del corral un par de buenas aves y, tras rebanarlas el pescuezo para extraerles la sangre, las desplumaba y limpiaba, dejándolas colgadas durante toda la noche de unos garfios situados en el techo de la cocina. Al día siguiente, es decir, el mismo día veintidós, el ritual de los fogones: trocear la gallina, pochar la cebolla (que debía quedar transparente), añadir los ajos, almendra rallada..., dorar aparte la carne, incorporarla a la cazuela junto a un vaso de vino, azafrán, laurel..., cubrir con agua, cocer a fuego lento... y, casi al final, agregar yema de huevo cocido y la clara, picadita.

       El plato era una delicia y, acaso, el favorito del abuelo, que, afectado de una dolencia cardíaca, lo acompañaba con el único vaso de vino tinto que se permitía beber; negociado previamente con su médico. Doctor, contaba mi padre que le dijo, déjeme al menos un vasito de vino en las comidas. Si después de todo lo que me ha prohibido también debo renunciar a esto, no me diga que mi vida va a ser una fiesta. Y el médico, claro, accedió.

     Después llegaba el postre: pasteles que un mozo había traído a media mañana, encargados por mi abuelo en la Pastelería Pato, en cuyo obrador se hacía el mejor hojaldre en muchas millas a la redonda.

     Tras el café, como si de un ritual se tratase, venía la frase lapidaria del abuelo que tanto irritaba a mi abuela: Si a esto le llaman comer, ya hemos comido, decía él. Y a ella parecía que se la llevaban los diablos, pues a pesar de que no dejaba de ser una broma, se lo tomaba en serio al entender que su labor como cocinera era puesta en duda.

     Mi abuelo se fue cuando yo tenía nueve años. Mi padre nos dejó recientemente**. Hoy, veintidós de abril, los vuelvo a tener junto a mí por el conjuro vital del verbo y la memoria.


* Esta entrada ya fue publicada el 22 de abril de 2013. Permitidme la nostalgia.  

** Más de tres años ya, a día de hoy. 

jueves, 21 de abril de 2016

De "La luz se calla", de Pedro Tenorio



     Como aperitivo a la poesía de Pedro Tenorio, que esta tarde podrá degustarse en la Biblioteca José Hierro, de Talavera, dejo aquí un fragmento de La luz se calla, libro de exaltada belleza y dolor contenido que el poeta dedica a su hijo muerto. Insisto: todos aquellos que no tengáis inaplazables obligaciones y disfrutáis del verso, no os lo perdáis. 

Manteniéndote, estás
en el puro equilibrio 
de las equidistancias. 
Arrasado y bellísimo en tu muerte 
de perfecta cariátide, 
eterno y abrazado
a los ángulos rectos, 
como alegre la hiedra que te abraza 
el cuerpo anestesiado. 
Belleza, que en la paz 
se hace nido de luz, 
perfección de la muerte 
en que te salvas todo. 


miércoles, 20 de abril de 2016

Lectura de Pedro Tenorio



     Recomendación para mañana: Cita con la poesía de Pedro Tenorio en la Biblioteca José Hierro, de Talavera de la Reina. Lectura enmarcada en el Aula de Poesía Joaquín Benito de Lucas. Será a las 19,30 h., tal como reza en el cartel que acompaña esta nota. No os lo perdáis. Estoy seguro de que nadie saldrá defraudado. 

martes, 19 de abril de 2016

La visita que llega

[Vanitas con tulipán, calavera y reloj de arena, de Philippe de Champaigne. Imagen tomada de aquí]

La muerte que va conmigo
me alimenta con la vida;
negándome otra salida
me ofrece casa y abrigo.
Y yo, a mi pesar, la sigo
porque no hay escapatoria:
mi vida tiene memoria
de la muerte que me aguarda;
si está próxima o se tarda
forma parte de otra historia.

domingo, 17 de abril de 2016

17 de abril. Con Elías en la distancia

[Imagen tomada del muro de Elías en Facebook]

                        La lluvia es la música del cielo.
                       
                                                       Elías Moro


Diecisiete de abril, y primavera.
¿También la lluvia asoma a tu ventana,
para felicitarte esta mañana,
mientras toca el tambor en Talavera?
La lluvia: esa escritura vertical
que leo —al recordarte— en el cristal.

Diecisiete de abril. Sumas un año
más entre esposa, libros, hijas, nieta.
La cosecha no es mala, y no es extraño,
porque siembras con alma de poeta.
Sigue cumpliendo años, buen amigo,
para poderlo celebrar contigo. 


sábado, 16 de abril de 2016

¿El mundo está bien hecho?

[Detalle de La Creación, de Miguel Ángel]
  
                                                               El mundo esta bien
                                                      hecho.             
                                                                    
                                                                  Jorge Guillén


Puede que un día el mundo, en sus albores,
estuviera bien hecho. Que la vida,
de acuerdo con un orden misterioso,
respondiese a una calma que los hombres,
prisioneros de su naturaleza,
llegaron a quebrar.
                                     Puede que el mundo,
antes de que los dioses habitasen
montes como el Olimpo, o Jesucristo
bajase a redimir de aquel pecado,
estuviera bien hecho.
                                         Sin embargo,
hace tanto de aquello, y las señales
que apuntan al futuro son tan grises,
que no puedo creer que esa armonía,
ese plan ajustado a proporciones
cósmicas e invisibles, donde el hombre
hubiera de encajar como se encajan
las piezas troqueladas de un gran puzle,
pueda recuperarse.
                                      Más parece
que estamos abocados al desastre
por obra y gracia de ese ser pensante
del que también soy parte.
                                                   Menos mal
que, frente a toda esa deriva
que encierra una probable destrucción,
tenemos el amor y la amistad,
el arte, el vino, la palabra, el fuego,
la memoria feraz —frente al olvido—
de los que nos amaron y nos faltan;
menos mal que nos queda la esperanza
en gestos cotidianos y pequeños
—una canción, un beso, una sonrisa...—,
y un extraño poder de adaptación
basado en la idiotez. 

viernes, 15 de abril de 2016

Claridad

[Fernando Zobel El Júcar X (La piedra del caballo), 1971. Imagen tomada de aquí]

En el verso y en la vida
claridad que nos provea.
Y empezada una tarea
no haya sombra que la impida.
Que, a pesar del artificio,
ejerzamos nuestro oficio
con amable sencillez, 
de tal modo que la obra,
superada la zozobra,
responda a la lucidez.

jueves, 14 de abril de 2016

Amanecer, 14 de abril





       Hoy, frente a mi ventana, amanecía así. Echándole algo de imaginación, podría decirse que el día se ha despertado republicano. 

martes, 12 de abril de 2016

Haiku del pan

[Imagen tomada de aquí]

Campo de espigas:
el pan sólo niñez,
columpio al viento.


lunes, 11 de abril de 2016

Ellos...



Ellos están ahí con sus mansiones,
sus coches deportivos y sus fiestas,
sus inversiones y sus beneficios,
sus círculos, sus yates, sus empresas.

Ellos están ahí con sus gimnasios,
su yoga de salón, sus veraneos,
sus selectos amigos, sus reuniones,
sus paraísos y sus tres por ciento.

Ellos van por la vida de elegidos,
ajenos al rigor de la justicia,
burlando normas, distrayendo leyes.

Ellos, innecesarios inquilinos
de una patria que toman por querida,
y usan, explotan, desmantelan, venden.


domingo, 10 de abril de 2016

Qué descansada vida...

[Puente sobre el río Mao - Ribera Sacra © C. E. L.] 

            Pocos gozos mayores que perderse en el campo, arrullado por el rumor de un arroyo, por el trino diverso de los pájaros, por el ulular del viento entre las ramas. Y bajo un cielo azul que nos cobije. 

sábado, 9 de abril de 2016

La mano abierta

[© C. E. L.] 

La mano abierta sueña
un sendero de paz: leve paloma
que descansa en su vuelo y ya imagina
las corrientes del aire y el viaje
que converge en un tiempo justo y nuevo.
La mano abierta vuela
hacia la luz extensa de un futuro
que acaso sea posible. Mientras tanto,
trabaja, lucha, vela. 

viernes, 8 de abril de 2016

Lluvia y recuerdos

[Imagen tomada de aquí

Algo tiene la lluvia cuando invita
a acercarse al papel, tomar la pluma
y escribir unos versos, mientras moja
la cara externa del cristal.  Recuerdo
otros momentos grises, cuando era
apenas un muchacho que cruzaba
las mañanas, camino del colegio,
con la cartera al hombro y mucho sueño.
Vivían mis abuelos todavía
y en el patio crecían azucenas,
rosas, claveles, lilas y geranios,
y una celinda altiva, que se alzaba,
nevada y olorosa, en mayo, al cielo.
Vuelvo al otoño aquel. Llueve sin prisa,
con una mansedumbre que se ajusta
al aliento pausado de la tierra,
y yo, con pantalones cortos, cruzo
San Francisco, La Plaza, Arco San Pedro,
dejo atrás Villatoya y frente al cine
que todos conocemos por Mariana,
entro en el caserón que hizo de escuela,
y me siento en mi mesa, y saco un libro.
La clase, casi a oscuras, tiene un halo
silente de tristeza, y los alumnos
—en grupos, por edades— se suceden
para dar la lección, con el maestro. 

Y de repente surge un latigazo
de luz, y luego un trueno. El viento sopla
y se viene a colar por las rendijas
del viejo caserón, desvencijado.
Oigo otra vez la vieja cantinela
de la tabla del seis..., de la del siete...
y pasa la mañana, hasta que llega
el momento de orar: las doce; el Ángelus...

No sé por qué de pronto, esta mañana,
movido por la lluvia que golpea
mansamente el cristal, he recordado
los días de mi infancia. Tiene el tiempo
un no sé qué de noria que no cesa.



jueves, 7 de abril de 2016

Cuestión de cortesía

[Imagen tomada de aquí]

            Soy consciente de que mi imagen cambia en el espejo. Cada mañana es otra y, sin embargo, no por ello dejo de responder a mi saludo como lo haría un viejo conocido. 

miércoles, 6 de abril de 2016

lunes, 4 de abril de 2016

El poema definitivo

[Variaciones sobre un mismo tema]


Mi afán es escribir
ese único poema que no logro
acabar de dar forma. Siempre el mismo:
espejo de su ser en otras voces,
aliento desolado en la extensión
del tiempo que me habita.
Y yo sigo escribiendo mientras vivo,
a la vez que el poema se transforma
al mismo tiempo que la luz me empuja
hacia la sombra que seré algún día.

Siempre el mismo poema,
rimado o no rimado,
medido o no medido,
con letra irregular y mano oscura
o apenas levantado
desde la misma punta de mis dedos
que teclean,
a su libre albedrío,
las letras que conforman esos versos.

Cuando se muestra, al fin, en el papel
ese poema
—que de nuevo es el mismo—
respira en él tan sólo
la mitad del sentir que me contiene.
Perdido entonces, por la nieve herida
de la página, intento
la solución al nuevo laberinto.

Y así empiezo otra vez
a renovar mi voz, con la certeza
de que nunca será la que me sueña,
de que nunca será la que preciso,
de que nunca será la voz
definitivamente, al fin, definitiva. 

domingo, 3 de abril de 2016

Cartel de feria. Córdoba, 1908

[© A. C. G.] 

            El Pimpi, de Málaga, bar-restaurante con una oferta dirigida especialmente a los turistas extranjeros, ocupa toda la planta baja de un edificio con un enorme zaguán y diversas salas, y una primera planta con nombre propio: El palomar de Picasso. Todas están decoradas con fotografías de famosos en el establecimiento, grandes carteles de ferias, ilustrados con cuadros de Romero de Torres, alfarería y cachivaches propios de la zona... Tras intentarlo dos días, por fin conseguimos mesa para cenar, y nos acomodamos junto a un cartel de la feria de Córdoba, de 1908. Me entretengo en repasarlo mientras aguardamos la comanda. Se anuncian corridas de toros, concursos hípicos, bailes, teatros, circos...; y nos llama poderosamente la atención, y nos rechina, el anuncio de Limosnas a los menesterosos, como si se tratara de un acto festivo más, para disfrute, suponemos, de los señoritos. 

sábado, 2 de abril de 2016

Nostalgia

[ Río "con agua" © A. C. G.] 

Me busco en la ciudad por las callejas
perdidas de mi infancia; por las plazas
donde jugué de niño, por las piedras
de viejos caserones derribados.
Voy tras de mí. Avanzo por mis huellas
en dirección contraria a las agujas
tenaces del reloj. Recorro parques,
plazuelas, avenidas, arenales
de ese río que fue, y del que queda
un rostro oscuro, un cuerpo enlodazado.
Doy a veces conmigo. Soy aquel
que salta entre las piedras, el que empuña
una espada artesana de madera,
aquel que grita: "Al abordaje", y sueña
que toma una galera en mar abierto.
Y de pronto, me miro desde un tiempo
que dejó de ser mío; me sorprendo
observado en el hombre que pergeña
estos endecasílabos. E intuyo
que ese encuentro imposible me confunde,
pues no consigo ver con claridad
aquel rostro encajándose en mi rostro.
Y sé que quien persigo y fuera un día
sólo es real de nuevo en mi nostalgia.

viernes, 1 de abril de 2016

Haiku de abril

[Jara pringosa © A. C. G.] 

Lluvia y abril.
A las puertas de mayo,
campo en sazón.