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domingo, 29 de enero de 2017

José Fernández Erro en El Camino de Santiago



            José Fernández Erro, poeta argentino al que ya me he referido anteriormente en este blog, me envía desde Buenos Aires sus dos últimos libros, BIDEAN y EL COCINETO VUELVE, ambos publicados por Raúl Groizard; el primero, con portada de María Guadalupe Fernández Gallegos —Tres peregrinos a Compostela— y el segundo con ilustración del cuadro de Velázquez, Vieja friendo huevos. Se trata de dos libros muy distintos, en cuanto a su temática se refiere, pero ambos con el sello propio de la poesía de Fernández Erro —para aquellos que visitaran en las postrimerías del pasado siglo Poesía punto com, recordarán a Angastaco, alter ego de este autor—. Me ocuparé de diseccionar lo que ha sido mi lectura de ambas entregas, aunque lo haré en dos entradas distintas. Vayamos hoy con Bidean.

            BideanEn el camino, en euskera, idioma del abuelo materno del autor, según aclara el propio poeta en el prólogo, Breve hoja de ruta— es el séptimo libro que Fernández Erro da a la imprenta, y en él se recogen las observaciones y experiencias del poeta durante su andadura en el Camino de Santiago, en el otoño de 2014. Así, la geografía, el paisaje, los albergues y el recuerdo de otros peregrinos con los que se ha compartido la vía sostienen un libro que tiene mucho de humano, de viaje interior. El primer poema, De Donibane a Santiago, un soneto en verso blanco, señala el inicio de la travesía y propone la andadura como un círculo que el romero ha de repetir una y otra vez: Apenas alcanzada Compostela / ya estoy andando a pie por Donibane. para acabar diciendo: La eternidad tal vez sea lo mismo: / un Camino sin meta ni comienzo / que se camina siempre.
            La geografía y el paisaje, decía, cobran presencia aquí, de modo que Navarra, el río Erro, Mañeru, Nájera, Sto. Domingo de la Calzada, San Martín de Frómista, Carrión de los Condes, León, El Bierzo, El Cebreiro, Triacastela, Sarria, y, por supuesto, Compostela, son los mimbres con los que el poeta construye este hermoso y confortable cesto que es Bidean. El calor o la lluvia, las torres de iglesias y sus campanarios, los ríos en los que el romero puede refrescarse los pies, los campos de cereal, los cielos transparentes o el vino que satisface la sed en el descanso, se transforman en versos que, a la postre, nos muestran la experiencia del viajero y su visión de la vida, fuera de toda interferencia mundana y baladí. Estos poemas, donde predominan el endecasílabo y el octosílabo —muy hermosos los poemas Romance de Clara y Mencía— no se limitan a mostrar sucesivas fotografías de cuanto el poeta contempla, sino que, más allá de ello, nos muestran al hombre que se enfrenta a su día a día con fe y entusiasmo, que calibra los claroscuros de la vida y continúa andando, sabedor de que el Camino, como apuntaba en los albores del libro, jamás termina. Son poemas que no han de dejar indiferentes a nadie, pues en ellos puede mirarse el lector para, al mismo tiempo, preguntarse por el sentido último de su andadura; poemas que comparten la mirada comprometida y lúcida de poetas en los que José Fernández Erro ha bebido: Antonio Machado o Manuel Castilla (por citar dos autores de uno y otro lado del océano). Como en la poesía de estos, late en los versos de Bidean el corazón de un hombre que reflexiona y tiene conciencia de su camino y finitud.
            Dejo aquí el último poema del libro, Las flechas amarillas, que, a mi modo de ver, ilustra con bastante precisión el tono y la razón del libro:

¿Qué quedará de lo que he caminado
en mi pobre memoria peregrina?
¿Un paisaje que enturbia la neblina?
¿Un capitel románico? ¿El callado

rumor de la meseta? Recordado,
el Camino de nuevo se camina,
pero cuando el Camino se termina
la nostalgia me deja desolado.

Haber hecho el Camino, haber vivido
en su polvo y su cielo, es no haber sido
más que un río sin ría y sin orillas.

Hoy duele caminar por el recuerdo
y siento que no llego o que me pierdo
aunque sigo las flechas amarillas.


2 comentarios:

  1. Estupendas las noticias que nos llegan del otro lado del Atlántico. Ahí brilla de nuevo la conocida sensibilidad de nuestro amigo y su querencia por las cosas hispanas, en general, y las jacobeas y norteñas, en particular. No tardo en encontrar el momento para sumergirme en estos libros, que tan buenos aromas desprenden. El soneto que muestras me ha retrotraído a las jornadas más fecundas de poesia.com, y al dominio que Angastaco siempre mostraba del esqueleto interno del soneto, con esos sus tan arriesgados como ágilmente logrados encabalgamientos estróficos. Y sus finales redondos. Un abrazo.

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    1. Así es, Alfredo. Una vez más, nuestro amigo "Angastaco" se reivindica como español y argentino, rindiendo homenaje a sus orígenes y celebrando la aventura de El Camino que con tan buen pulso sabe luego narrar. "El cocineto vuelve" enlaza por derecho propio con aquel "Una mesa es un camino", y, como apreciarás, en él alientan los aromas a guisos tradicionales, amistad y esencias de la vida. Un fuerte abrazo.

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