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lunes, 13 de marzo de 2017

Práctica del amor platónico



       El próximo día 17, en la FNAC San Agustín de Valencia, se presenta Práctica del amor platónico, de Miguel Argaya, libro publicado con el número 282 en la colección de Poesía de la editorial Devenir.
        
         Este es el octavo libro del autor —Premio Rey Juan Carlos en 1989 con Luces de Gálibo o accésit de Adonais en 1991 con Geometría de las cosas irregulares, entre otros galardones, a los que hay que añadir dos plaquettes, Prohibido el paso a perros y poetas (1983) y Elementos para un análisis específico de los poblamientos indígenas (1986).  

         El camino recorrido por Miguel Argaya es el de un poeta comprometido con la palabra y enfrentado al poema sin máscaras ni cortapisas; un poeta que se pregunta y trata de hallar respuestas a través de los versos, al tiempo que deja constancia de quien es, de sus sueños, sus inquietudes o sus decepciones. La Poesía es para él una necesidad vital a la que se asoma cada día, un rincón donde dialoga consigo mismo, donde se reconoce y desde el que sale al mundo. Y si eso ha sido así desde que nos mostrara sus primeros versos, el lector comprobará que ese afán se hace aún más exacto en el libro que nos ocupa, Práctica del amor platónico, compuesto por 33 poemas, divididos en cuatro partes de 8 poemas cada una, más un poema epílogo, El poeta pide respeto al huésped, un soneto especialmente esclarecedor, cuyo primer verso dice: Yo soy el yo que escribe este poema. El libro, además, cuenta con los avales de Luis Alberto de Cuenca, que firma el prólogo, y de Jaime Olmedo Ramos, autor del epílogo; ambos textos —prólogo y epílogo— lúcidos y oportunos.


         Se ha hecho referencia a la división del poemario en cuatro partes: Años colaterales, Las horas, Los Mapas y La vida contemplada. En todas ellas el tiempo, pasado, presente o futuro, es el gran aliado del poeta y, a la vez, el enemigo íntimo contra el que no hay posible tregua. Así, los amigos, las diferentes edades del autor, los padres, hijas, esposa, Poesía... son los materiales con los que se alza el edificio que es Práctica del amor platónico, construido con la hondura de la reflexión, con la emoción de los afectos, con la desnudez de quien no tiene miedo a contemplar, más allá del espejo, su verdadera imagen. Y, al mismo tiempo, con la argamasa del verso bien fundido, madurado sin prisas, con la cadencia justa, con el pulso de quien sabe que escribir poesía es algo más que escribir con renglones cortados a capricho. Y es que Práctica del amor platónico no es un libro al uso, de una sola lectura. Muy al contrario, es un libro de madurez que invita a ser degustado, como los buenos vinos, a pequeños sorbos; un libro con el que reflexionar y que, a buen seguro, le mostrará al lector verdades a las que acaso, por otros caminos, quizá no llegaría; un libro que desde aquí recomiendo y del que yo seguiré disfrutando en sucesivas lecturas. 

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