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sábado, 13 de mayo de 2017

Arqueología de un milagro, de Jesús Aparicio

            Leo Arqueología de un milagro, de Jesús Aparicio González, que, tan amablemente, me remite con una más que generosa dedicatoria. Leo en silencio, a solas y sin prisas, encajando con ese lector anónimo al que se dedica el libro: A ese lector sensible, silencioso, solitario y lento. Y lo cierto es que disfruto cada poema, con el que me detengo a conversar; con el que descubro algo nuevo del mundo y algo nuevo de mí. Poemas de alto vuelo metafísico, en ocasiones, diría, parientes de la mística, los setenta y ocho poemas de este libro participan de la naturaleza, invitan a su observación y, desde esa mirada al exterior, regresan a lo más hondo del poeta, a lo más hondo de nosotros, que los hacemos nuestros durante la lectura. Porque un poema es de aquel que lo recibe con las manos abiertas y el corazón dispuesto a participar del asombro y la revelación. Así me he acercado a este libro, dispuesto a dejarme traspasar por su absoluta claridad, por la precisión de su palabra, por ese milagro que es siempre el hallazgo de un buen poema.
            Gracias, Jesús, por escribir un poemario tan bello. Gracias, por hacerme partícipe de tu geografía y tu paisaje interior, que es también un poco nuestro.
            Como muestra de lo dicho, con permiso del autor, cogido al azar, dejo aquí uno de los poemas de este hermoso libro.

EL TRABAJO DE LAS ABEJAS


Cargan ciegas con nuestro pasado,
lo polinizan en los márgenes
de este incierto presente
que ya no es
y serán sus frutos flechas,
leopardos huidos
a los que mordió la noche.

Vuelve lo que ya fue
hasta la cama de la reina.
Lo que pudo haber sido lo mataron
los pesticidas y nuestra pereza.

Las abejas son el reloj del mundo. 


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