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domingo, 7 de mayo de 2017

Así fue




Con veintiocho grados de temperatura hemos presentado, como había anunciado, Paso a paso, la vida, mi último libro publicado por lf ediciones en su colección Libros del Consuelo, en la XXX Feria del Libro en Talavera de la Reina.


Sorprendentemente, a pesar del calor, la carpa ha estado prácticamente llena, y la presentación que ha hecho Arantxa Oteo, y que quiero compartir con cuantos pasáis por aquí, muy generosa. 

A ti, Arantxa, y a los amigos, conocidos y desconocidos que me habéis acompañado, muchas gracias. 

PALABRAS DE PRESENTACIÓN.- Arantxa Oteo. 


Buenos tardes, y bienvenidos a la vida que, paso a paso, nos regala Antonio del Camino.
Hace cuatro años era yo la acogida por esta feria. Junto a un grupo de entusiastas poetas y narradores presentábamos, de la mano de Pedro Tenorio, una antología con fines solidarios. Paradójicamente, la “nueva en esta plaza” da la alternativa al veterano y consagrado maestro, cuyo más reciente y muy generoso poemario también es solidario, ya que los beneficios de su venta están destinados a la ONG SBQ Solidario; y, desde luego, ninguna colección mejor que “libros del consuelo” podría albergar este pequeño tesoro de honestidad, bella hondura y bondad.

Antonio, haciendo, como acostumbra, gala de un proverbial dominio del verso, ha escrito un libro de madurez y sobria sabiduría. Solo alguien que ha vivido y amado el camino que los días y la edad le han brindado puede transmitir con tanta sencillez y, al tiempo, inmensa altura poética el milagro de lo cotidiano y el gusto por el dorado término medio renacentista frente a la necia fatuidad del vano y superfluo oropel.

Encontramos en Paso a paso, la vida ecos machadianos, nostalgia de los días felices y luminosos de la infancia y del camino labrado golpe a golpe, verso a verso. Descubrimos el autorretrato de un hombre que, como León Felipe, no puede cantar hazañas de un abuelo que ganara una batalla ni memorias de una casa solariega, sino que se ve, por suerte para nosotros lectores, “forzado a contar cosas de poca importancia”, como han hecho siempre los verdaderos poetas. Porque, de hecho, nos topamos con alguien que domina, y ama, el "viejo oficio del poeta", que decía Goytisolo, ese que "comienza en la idea, en el soplo sobre el polvo infinito de la memoria, sobre la experiencia vivida, la historia, los deseos, las pasiones del hombre".

En sus décimas, en sus sonetos, en su rica variedad de estrofas y rimas, Antonio nos presenta unos apuntes cotidianos en los que declara sus intenciones “en el afán sencillo de vivir y ser. Sin más dobleces. Sin misterio”; ni más, ni menos. Recorre la ciudad, la observa y analiza y la convierte en un trasunto de sí mismo. Ve pasar las estaciones y los años, y los vive, porque en su rueda encuentra "la sucesión de rostros (que) dieron en el que soy, en el que mira hacia atrás y, sobre todo, hacia el futuro". Goza con la palabra y con las cartas, incluso con las “que ahora entregan palomas internautas”. Reflexiona sobre la vaciedad, sobre el dolor (me conmueve especialmente su visión del alzheimer, sobre el que yo también he escrito porque tanto me ha dolido), sobre las ausencias, sobre la familia (tan tiernas, tan bellas, las palabras para Carmen, con quien, paso a paso, mientras la vida); sobre el pasado que ya va ocupando la mayor parte de nuestro tiempo, sobre el padre (y sus manos, y su pinza para que el pantalón no se enredara en la cadena de la bici); sobre el abuelo, el viejo cine y la no menos vieja escuela. Y todo este afán lo salpica de la ironía serena y de la ternura nostálgica que la experiencia, y la edad, nos dan. Contempla también las monedas del tiempo, la vida que se empeña en seguir su curso mientras nosotros nos quedamos, cada vez más ensimismados, en los recodos del camino, en el meandro del río, en las fechas señaladas. Y apuntes y monedas los enmarca en el umbral de su poética, con la que comienza el poemario, y en el final con el lector. Se cierra, así, un círculo perfecto: el poeta, que aspira al silencio, encuentra el sentido a su labor en la llamada del lector y, con Goytisolo de nuevo, le devuelve "las palabras reunidas a su auténtico dueño".

Decía María Zambrano que la melancolía es poseer las cosas por el palpitar del tiempo, porque tenemos de ellas lo que nos falta, y añadía Machado que se canta lo que se pierde. Antonio del Camino canta como pocos eso que la vida, paso a paso, nos quita y nos da. El poeta ha salido a la calle; démosle los lectores vuelo cierto a su latido.

En Talavera, a luna llena de abril de 2017.

2 comentarios:

  1. Hermosas palabras. Siento no haber podido asistir a la presentación. Un abrazo a los dos.

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    1. Fue una presentación muy generosa. Está claro que acerté al pedirle a Arantxa que fuese la madrina del libro.

      Un abrazo.

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