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domingo, 21 de mayo de 2017

Educación Nocturna, de Hilario Barrero

            Acabo de leer Educación nocturna, de Hilario Barrero, que, en edición de José Luis García Martín ha publicado Renacimiento en su hermosa Colección Antologías.
            Confieso que durante mucho tiempo de la obra poética de Hilario sólo conocía En tránsito, una breve colección de poemas que publicara en 1986, con el número 4, en aquel hermoso y fugaz proyecto del malogrado José Luis Reneo, Carpetas de Poesía Tesela. Desde entonces había tenido referencias suyas a través de su buen amigo Ángel Ballesteros y leído alguno de sus Diarios, pero nunca un poema nuevo salido de su pluma. Desde hace unos años, gracias a internet, el mundo de los blogs y, posteriormente, Facebook he podido acceder a alguna de sus composiciones poéticas; a Arras, publicado en sus Cuadernos de Humo, a sus valiosas traducciones. Y ahora, como quien dice con la tinta aún caliente, a Educación nocturna, que, conforme señala García Martín en el lúcido prólogo del libro, ... pretende ser una completa autobiografía poética. Y es, por eso mismo, un libro nuevo, no importa que algunos de sus poemas se hayan anticipado en otros libros; sólo ahora adquieren su verdadero sentido. Porque, efectivamente, podemos definir este libro como una descarnada autobiografía en la que el autor se nos presenta tal cual es, sin trampa ni cartón, sin afeites, ropajes, caretas ni disfraces: a cuerpo descubierto, dispuesto a confesarse en el poema y, por ende, delante del lector. Y su palabra es transparente, luminosa, rotunda y reveladora, de modo que, a través de ella, podemos traspasar las fronteras del yo y ser partícipes de los muchos caminos transitados. Caminos que comienzan en la niñez y se adentran en la adolescencia, juventud, madurez...; caminos en los que el deseo adquiere distintos nombres y por los que, en ocasiones, el autor transita al borde de un precipicio que a veces parece llamarle, y del que consigue escapar hasta alcanzar la luz. Apunta García Martín que el deseo y el tiempo son los dos protagonistas de este libro; también la muerte, apuntaría yo, aunque ésta acaso no sea sino otra faz del tiempo en su mudanza.

         Releyendo En tránsito entiendo que aquellos poemas están íntimamente ligados a estos otros; no sólo porque el autor sea el mismo; además, porque la poética desarrollada en Educación nocturna sigue fiel a la poética de En tránsito. Ha pasado el tiempo, el autor, como no podía ser de otra manera, es otro, el peso de los años se notan más en el libro que comentamos, pero el pulso poético, el orden de las palabras, la belleza rotunda del poema, palpita en ambos títulos con igual intensidad y sentimiento.

            Ojalá, en contra de lo que parece intención de Hilario Barrero, Educación nocturna no sea un punto y final en su tarea poética, sino una etapa más en el quehacer de un autor que, estoy seguro, aún tiene mucho por decir. 

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