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lunes, 12 de junio de 2017

Mirando el mar



Frente al mar todo adquiere distinta proporción,
todo parece más insignificante, más pequeño;
cualquier duda, que fuera marejada, se diluye
en la suave cadencia de las olas que vienen,
con su rumor azul, hasta la orilla.
                                                       Contemplo el mar,
y me hundo en sus entrañas transparentes, me lleno
de su líquida luz, y mis pupilas
adquieren su color por un instante. El mundo, mientras tanto,
rueda que rueda, oscuro y sin posible,
mínima redención.
                                Estoy mirando el mar, me lleno todo
de su música eterna, de su brisa, de su sabor salobre,
y, mientras tanto, la vida, en otra parte,
acumula tragedias, cataclismos, derrotas.
Soy consciente de todo ese dolor mientras observo
la cadencia del mar, mientras navegan
veleros a lo lejos, y vienen voces
de niños en la playa. Soy consciente
de que el mundo nunca es azul, ni gira
en torno a esa tenacidad que muestra el agua,
ni podrá nunca ser, aun por momentos,
puro, como este mar, que ahora me aprendo,
y en el que me confundo y me transformo
al rítmico compás de su vaivén.


2 comentarios:

  1. hay espacios que no forman parte de la percepción sino que se despliegan en el interior como si fuesen un patrimonio afectivo personal. Excelente poema, querido amigo. Un fuerte abrazo cómplice.

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