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lunes, 10 de julio de 2017

Relojes



Mi abuelo cada noche, al acostarse,
al reloj de bolsillo que tenía,
con cadena de plata, daba cuerda.
La misma noche que llegó su muerte
lo había preparado como siempre,
y reposaba en una rinconera
del comedor. La abuela quiso entonces
que nadie más volviese a darlo vida,
de modo que el reloj, en unas horas,
detuvo el tiempo en su perfecta esfera.

Cuando murió mi padre, en su muñeca,
su reloj de pulsera palpitaba
movido por la pila diminuta
que llevan los relojes más modernos.
Nadie se percató de tal detalle,
y los señores de la funeraria
lo llevaron con él al tanatorio.
Tras su incineración nos dimos cuenta
de que el reloj faltaba, y preguntamos.
Debió de consumirse con su cuerpo,
fue la única respuesta que obtuvimos.

En uno y otro caso, la más bella
y terrible metáfora del tiempo
se concretó en su ausencia: sus relojes
dejaron de latir cuando dejaron
ellos también de alimentar  la vida.
Me hubiese apetecido, sin embargo,
que el reloj de mi padre, tras su muerte,
me mostrara las horas y los días
unido a mi muñeca. Como si él,
a golpe de tic-tac, me acompañase.   


2 comentarios:

  1. Se puede escuchar en el tic-tac del reloj de la poesía en el poderoso ritmo del poema. Poesia del "tiempo" en el tiempo.

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    Respuestas
    1. Gracias, Hilario. (Qué tendrá el endecasílabo...)

      Un abrazo.

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