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lunes, 27 de noviembre de 2017

Elías Moro: Sesión doble

Hace algunas semanas, al abrir el buzón de correo, me esperaba una más que grata sorpresa. Allí, un amplio sobre, venido desde Mérida, me traía dos hermosos libros: Microrrelatos domésticos y Álbum de Sombras, ambos de Elías Moro; ambos bellamente editados por Takara editorial, el primero, y por Eolas ediciones, el segundo; ambos escritos con la sensibilidad, pulcritud, sentido del humor y agudeza de las que Elías Moro ha dado pruebas sobradas en obras anteriores.

Microrrelatos domésticos está compuesto por 39 micros más un prólogo, donde objetos cotidianos —toallas, paraguas, zapatos, almohadas— son protagonistas de algunas de estas pequeñas obras maestras —pequeñas por su brevedad, naturalmente, que no por su calidad, a todas luces fuera de duda—, junto a Sueños, Confidencias, Rupturas, Vocaciones, Alivios... En todos ellos, tal y como exige el género, la sorpresa nos asalta en la última línea, a veces en la última palabra, de manera que la narración cobra un sentido nuevo y maravilloso que puede arrancarnos una sonrisa o una mueca de asombro o estupor. Y que, sobre todo, nos deja paralizados por unos instantes, mientras repasamos mentalmente las líneas que acabamos de leer y nos sentimos atrapados en la sutil tela de araña con que el autor nos ha hecho gozosamente cómplices.

Álbum de sombras (hermosísimo título para un libro de recuerdos), al igual que el libro anterior, se sustenta en sucesivos relatos, aquí más extensos y de carácter autobiográfico, aunque en ocasiones el autor acuda a la fabulación para que el relato adquiera más fuerza o alcance un tono divertido, a veces, incluso, hilarante.

Sin embargo, a través de esos cromos o estampas que conforman este maravilloso Álbum, Elías Moro da fe de un tiempo y un espacio. Un tiempo donde el silencio amordazaba aún muchas voces, y un espacio —el barrio; a la vez acotado y extensión infinita— donde la libertad de aquellos niños/jóvenes (hablamos de mediados de los años sesenta y setenta) era consustancial a la propia edad. 

Con todo ello Elías Moro compone un sentido homenaje a amigos y familiares; un canto fraterno y de amistad en el que cobra protagonismo un tiempo pasado, con tintes claroscuros, que ahora, merced a la palabra pulida y precisa del autor, se muestra redivivo a nuestros ojos, como una película en blanco y negro, con tintes de ternura o de crueldad, de esperanzas o miedos, donde cada uno de nosotros, aún por instantes, también podremos reconocernos.

Dos libros que merecen una lectura atenta y sin urgencias, y con los que el lector disfrutará, y a los que regresará, sin duda. 

2 comentarios:

  1. La escritura de Elías Moro siempre está llena de bifurcaciones y sendas renovadas, en ella caben la ironía, el intimismo y una mirada crítica hacia una realidad repleta de desajustes. Un fuerte abrazo, Antonio, y enhorabuena por esas lecturas...

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  2. Coincido contigo, José Luis. Una escritura, la de Elías, que nos atrapa y nos descubre un mundo que, de tan a la vista, a veces no reparamos en él. Y, además, como bien apuntas, con bifurcaciones y registros que le hacen único.

    Un fuerte abrazo.

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