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sábado, 10 de febrero de 2018

Soliloquio (Romance vespertino)

[Atardecer en Benidorm © A. C. G.] 


El mar, las rocas, el viento...
seres sin alma que habitan
en el corazón del tiempo
discurren a la deriva.
Y, sin embargo, el salobre
gusto del mar, la caliza
composición de la roca,
y el viento, que arremolina
su galope en las corrientes,
hablan conmigo, me miran
cuando les hablo y les miro,
sin saber que se limitan
a no ser: seres ajenos
al ser que soy y se aproxima
a la nada que aún no soy
mientras abrazo la vida.

En tanto la luz, ajena,
se propone en perspectivas
diferentes. Y mi sombra,
parte de mí, se perfila
en otro yo que no sabe
que yo sé que en sí termina
cuando la tiniebla invade
el ámbito que lo habita.

Soliloquios que en la tarde
pergeño, al tiempo que gira
el mundo, ajeno a las rocas,
al mar, al viento, a quien pisa
este paisaje y se piensa
que antes o después... un día
será una ausencia y el hueco
que hoy su cuerpo determina.
Ya anochece. El horizonte
se borra con la neblina
y la noche pone un velo
de sombras en las pupilas
de quien escribe estos versos
y de aquel que se los dicta.
El mar, las rocas y el viento
hablan conmigo. Respiran. 

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